Es necesario un rescate, un rescate moral, un rescate de viejos valores ya perdidos y de los nuevos
que nunca tuvieron lugar.
Viajamos a la deriva, comandados por capitanes tuertos con garfios por pies y pezuñas por manos.
Es hora de coger el timón que nunca se debió perder y poner rumbo al pais de las maravillas, donde los conejos usan reloj de cuerda.
Debemos rescatarnos a nosotros mismos.
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