Pero las lagrimas ya no valen, ya perdieron esa magia que te convertía en dueño y señor de todo. Ahora estás perdido y solo, existiendo de noche y soñando de día pero siempre esperando a soñar de noche y existir de día, esperando a que nada tenga que cambiar, a que tu voz suene fuerte por encima de las demás, a que nada acabe hasta que tu lo digas, esperando ganar cuando perdiste antes de empezar.
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